Homenaje a Amilcar Colocho 7Lune

 

Aquí va otra traducción efectuada por SP Traducciones para el Progetto 7Lune. En esta ocasión nos hemos dedicado a traducir el homenaje a Amilcar Colocho de parte de su mujer Kenny Rodríguez.

  

" Hoy habría sido su cumpleaños: Amilcar Colocho (1964), poeta salvadoreño perteneciente al grupo literario # Xibalbá, cuyo trabajo fue publicado póstumamente en el libro "Varios", participó activamente en la guerra civil salvadoreña y cayó en combate en el Volcán de San Salvador en 1990, a los 26 años. Estudiante de agronomía y de filosofía, es también padre de Marcela Alfonsina, hija que no pudo conocer. Para recordarlo en este día os ofrecemos, traducido por Sheila Pistolesi (SP Traducciones), el homenaje que su mujer, Kenny Rodríguez, nos regaló de los últimos momentos que pasaron juntos. Dedicaremos a Amilcar la Plaquette 7LUNE que saldrá en un par de días, el 1 de febrero. En la foto el hermoso retrato que realizó especialmente para nosotros, como un homenaje a Amilcar, el pintor mexicano Davis Rios Reyes. "     

 

                         El último parpadeo de la memoria

 

  

 

Me despedí de él justo en la parada de buses que está cerca del Hospital de Maternidad, estábamos violentando las normas, porque yo no debí llegar cerca de donde seria recogido por quienes lo llevaban al Volcán de San Salvador. Nos abrazamos, nuestros labios no querían apartarse, -dijo –no hagas ningún desvergue, yo sencillamente me sonreí, porque sabía que eso era imposible para mí. Vi su espalda marchar hacia el destino y en mi vientre un golpecito me recordó que había que cuidarse.

 

 

Cuadras antes venia frotándose las manos que sudorosas le temblaban, habíamos enredado nuestros dedos en casi todo el trayecto, y me mordió un hombro en son de broma, yo entendí que estaba nervioso, le hale la oreja y guardamos la compostura; del bus nos bajamos varias cuadras antes para caminar y conversar, no supimos que está sería nuestra última caminata juntos, sobre la primera calle poniente de San Salvador.

 

 

Compro dos vigésimos de lotería me los entregó y soñó dejarme una gran herencia para el futuro descendiente, tenía cinco meses de andar en la locura, sabía que íbamos a tener un bebé y en verdad era un hombre deseoso de criar y educar a alguien, por algo durante mucho tiempo, yo le llame maestro.

 

 

Siempre tuvo cinco años más que yo, por más que me esforzara en alcanzarlo, no me lo permitió, y ser mi maestro le daba ciertas ventajas, escucho algunas historias que estos labios no repitieron jamás, de infancias, inocencias robadas, escapadas, sueños juveniles y de planes a corto plazo, porque a largo, no era posible hacer.

 

 

En una de las cuadras encontramos ventas ambulantes, le invite a una soda y el me compro un pan mata niños, luego me dijo que no me lo comiera, que eso no era nada nutritivo y se comió los dos, pero saco de su mochila un pan integral con atún de los que meticulosamente había preparado en la mañana y me lo entrego, esto si – dijo- esto le hará bien al pececillo.

 

 

Según su propio relato, no había podido despedirse de la madre y eso lo ponía bastante encorajado, no había tenido tiempo suficiente entre una actividad y otra para visitarla y según sus palabras, darle un largo y amplio abrazo, tenía fe sincera de verla pronto.

 

Hacia un par de días me había contado de nuevo que su madre le cargo sobre las espaldas, cuando de pequeño esa enfermedad en los pies no le permitía caminar y desde la finca donde creció hasta el pueblito más cercano, ella lo llevaba a curación, siempre recordó esa espalda sobre la que viajo y siempre fue esa presencia la que más lamento dejar, en los viajes de ida y venida que le impuso el proceso.

 

 

La noche anterior hicimos un listado con nombres para su retoño y la negociación fue dura y risible, propuso nombres extraños para mí, que estuve alejada siempre de la religión católica, él sabía perfectamente que las imágenes de santos y semejantes eran demonios que danzaban en mis miedos; propuso entre los nombres Natanael, que según contó, era de una vaina escrita por San Juan que trataba sobre alguien a quien el Cristo después de resucitado se le presentó, en el Mar de Tiberiades, ni entonces, ni ahora, yo corrobore su versión, pero le creí.

 

 

En la lista desfilo: León, Felipe, Patricio, Otoniel, Feliciano; a fuerza descartó Amílcar por ser su nombre y Roque por ser el de mi papá, pero sobre todo porque le hable de mi locura desproporcionada de no repetir nombres que ya estaban en la familia, no le pareció pero cedió, después de mi larga argumentación de no querer nombrar hijos en círculos familiares en donde ya no se sabe quién es quién. Con los nombres de mujer tuvimos ciertas ocurrencias pero estos cuatro fueron finalistas: Luna, Marcela, Mariposa y Alfonsina, entraba la madrugada por la rendija de la puerta cuando llegamos a la decisión, no dormimos, él debía partir pronto.

 

 

Cruzamos una calle mientras hablamos del nombre, estábamos contentos de llamar de alguna forma al pececillo, llegados a la siguiente acera se agachó, puso la mano izquierda sobre mi vientre y le dejo instrucciones precisas a la panza, -dijo- te amo, crece, te veo pronto y se me cuida Marcela Alfonsina o Patricio Natanael, el pececillo dio un saltito y le robo una carcajada, si se mueve el jodido, dijo alegre.

 

 

Venía haciendo cuentas de sus años de estudiante y lo mal que le fue entre despistes y faltas, dijo si, que estaba dispuesto o terminar la Agronomía o la Filosofía o ambas, porque tenía nidos en la mente, cosas que decir, necesitaba conocimiento y herramientas. Yo le dije, enseñoreándome, que algo era bien seguro, antes de cualquier carrera suya, yo estaba graduada porque era disciplinada e inteligente, se adelantó unos pasos, me señalo con el dedo la nariz y se cago de la risa, seguro se lo tomo en serio, pero tenía su forma de decir estoy de acuerdo o te creo.

 

 

Traía puesto un jeans oscuro y una camisa azul, habíamos repasado la pequeña lista de cosas que yo debía enviarle en cuanto me fuera posible, una sábana verde, calcetines, camisa negra, dulces de jengibre, mentas, dos latas de atún y una bufanda, porque la garganta siempre le cago la finta –así lo dijo- nos reímos, ya por la mañana se había echado como veinte estornudos, era octubre, había viento, polvo y muerte en el ambiente.

 

 

Habíamos hecho un repaso de las quebradas y veredas de nuestro pueblo, las salidas, entradas, los principales puestos enemigos, las casa de familiares, amigos y colaboradores y todo lo que pudiese significar ponerse a salvo en caso de ser necesario. Quería llevarlo todo fresquecito en la memoria porque le adelantaron un poco de lo que se requería, quería irse preparado y lo estaba. Su preocupación –lo dijo- era entrar al frente por una zona tan caliente: San Roque.

 

 

La noche anterior pidió su arroz preferido, sencillamente blanco sazonado con caldo de pollo, hablo con las plantas como buen jardinero, limpio la casa, hizo sus cuentas, escribió uno que otro verso, preparo su mochila, lapiceros, papel, y contrario a todo lo vivido me pidió que le acompañara al día siguiente hasta unos pasos antes de su destino, quería –dijo- estar cerca de su pececillo.

  

 

 Dic. 1990

 

Kenny Rodríguez.

 

 

 

    L'ultimo lampo di memoria (Nota 1 a pie di pagina)

 

 

Gli dissi addio proprio alla fermata dell'autobus vicino all'Ospedale di Maternità, stavamo infrangendo le regole, perché io non sarei dovuta avvicinarmi a dove l’avrebbero prelevato per andare al Vulcano di San Salvador. Ci abbracciammo, le nostre labbra non volevano staccarsi, - mi disse - non combinare guai, io semplicemente sorrisi, perché sapevo sarebbe stato per me impossibile. Lo vidi allontanarsi verso la meta e nel mio ventre un calcetto mi ricordò che dovevo prendermi cura di me stessa.

 

 

Alcuni isolati prima si stava strofinando le mani sudate che gli tremavano, avevamo intrecciato le nostre dita per quasi tutto il tragitto, e mi aveva morso la spalla per gioco, io avevo capito che era nervoso, gli tirai l'orecchio e ritornammo composti; eravamo scesi dall’ autobus diversi isolati prima per camminare e parlare, non sapevamo che quella sarebbe stata la nostra ultima passeggiata insieme, sulla prima strada a ovest di San Salvador.

 

 

Acquistò due ventesimi di lotteria, me li regalò e sognò di lasciarmi una grande eredità per il futuro discendente, era come impazzito da cinque mesi, sapeva che avremmo avuto un bambino ed era davvero un uomo che desiderava crescere ed educare un figlio, non a caso durante molto tempo, lo chiamai maestro.

 

 

Ha sempre avuto cinque anni più di me, nonostante mi sforzassi di raggiungerlo, non me lo permetteva, e il fatto di essere il mio maestro gli dava alcuni vantaggi, ascoltò alcune storie che queste labbra non ripeteranno mai, d’infanzie, d’innocenze rubate, fughe, sogni giovanili e di progetti a breve termine, perché non era possibile programmarli a lungo termine.

 

 

In uno degli isolati trovammo dei venditori ambulanti, gli offrii una soda e lui mi comprò un pan mata niños 1 , poi mi disse di non mangiarlo, che non era per niente nutriente e se li mangiò entrambi, ma prese dal suo zaino un pane integrale con tonno, di quelli che aveva meticolosamente preparato la mattina e me lo offrì, questo sì – disse- questo gli farà bene al pesciolino.

 

 

Secondo quanto mi diceva, non aveva potuto dire addio a sua madre e questo lo rendeva inquieto, non aveva avuto il tempo sufficiente tra un'attività e l’altra per andare a trovarla e ,come diceva, per darle un abbraccio lungo e intenso, ma sperava enormemente di vederla presto.

 

 

Un paio di giorni prima mi aveva raccontato di nuovo di quando sua madre se lo caricava sulla schiena, perché da piccolo a causa di quella malattia ai piedi non era in grado di camminare, e dalla fattoria dove è cresciuto fino al villaggio più vicino, lei lo portava dal medico, sempre si ricordava di quella schiena sulla quale viaggiava ed è sempre stata quella presenza che lui più rimpiangeva di dover lasciare, nei viaggi di andata e ritorno che ha imposto il processo di guarigione.

 

 

La sera precedente avevamo fatto una lista di nomi per il suo germoglio e i negoziati furono duri ma divertenti, propose nomi strani per me, che sono sempre stata lontana dal cattolicesimo, lui sapeva benissimo che le immagini dei santi e cose simili erano diavoli che danzavano nelle mie paure; propose nomi come Nathanael, che secondo quanto raccontò, derivava da un testo scritto da San Giovanni concernente qualcuno a cui il Cristo appena risorto apparse, nel Mare di Tiberiade, né allora né adesso, io verificai la sua versione, ma gli credetti.

 

 

Nell'elenco apparivano: Leon, Felipe, Patricio, Otoniel, Feliciano; forzatamente scartò Amílcar perché era il suo nome e Roque per essere quello di mio padre, ma soprattutto perché gli parlai della mia mania folle nel non ripetere i nomi già esistenti nella nostra famiglia, non era d’accordo ma cedette, dopo la mia lunga spiegazione del perchè non volevo nominare i bambini con nomi dei familiari perché poi non si sa più chi è chi. Dei nomi femminili abbiamo avuto diverse idee, ma questi quattro sono stati i finalisti: Luna, Marcela, Mariposa e Alfonsina, filtrava l'alba dalla fessura della porta quando arrivammo alla decisione, non dormimmo, lui doveva partire presto.

 

 

Attraversammo una strada mentre parlavamo del nome, eravamo contenti di chiamare in qualche modo il pesciolino, appena arrivammo al seguente marciapiede si chinò, appoggiò la sua mano sinistra sul mio ventre e dette precise istruzioni alla pancia, -disse- ti amo, cresci, ci vediamo presto e prenditi cura di Marcela Alfonsina o Patricio Natanael, il pesciolino saltò e gli suscitò una risata, si che si muove il birichino, disse allegramente.

 

 

Stava facendo il resoconto dei suoi anni da studente e di come gli era andata male tra errori e assenze, disse che era disposto a finire Agronomia o Filosofia o entrambe, perché la sua mente era piena di grovigli, cose da dire, aveva bisogno di conoscenza e di strumenti. Io gli dissi, con tono da saccente, che in realtà prima che avrebbe completato una sua qualsiasi carriera, io sarei già stata laureata perché ero disciplinata e intelligente, fece dei passi in avanti, mi puntò il naso con il dito e scoppiò a ridere, di certo lo prese seriamente, ma quella era la sua maniera di dire sono d’accordo, ci credo.

 

 

Indossava jeans scuri e una camicia blu, avevamo ripassato il breve elenco di cose che avrei dovuto inviargli il prima possibile, un lenzuolo verde, calzini, camicia nera, dolci di zenzero, mentine, due scatolette di tonno e una sciarpa, perché la gola gli aveva rovinato sempre la vita– così disse- iniziammo a ridere, in mattinata aveva già starnutito venti volte, era ottobre, c'era vento, polvere e morte nell’aria.

 

 

Avevamo fatto una rassegna dei burroni e strade del nostro paese, le uscite, gli ingressi, i principali posti nemici, la casa dei parenti, amici e colleghi e tutto ciò che avrebbe potuto significare mettersi in salvo, qualora fosse stato necessario. Voleva avere tutto in mente, fresco, perchè in anticipo gli avevano detto quello che era richiesto, voleva andarsene pronto e lo era. La sua preoccupazione- disse- era entrare al fronte per una zona così pericolosa: San Roque.

 

 

La sera precedente chiese il suo riso preferito, semplicemente in bianco aromatizzato con brodo di pollo, parlò con le piante da buon giardiniere, pulì la casa, fece i suoi conti, scrisse alcuni versi, preparò il suo zaino, matite, carta, e contrariamente a come facevamo di consuetudine mi chiese di accompagnarlo il giorno dopo fino a qualche passo prima della sua meta, voleva –disse- essere vicino al suo pesciolino.

 

 

Dicembre. 1990

 

Kenny Rodriguez.

 

 

N.d.T = Pan mata niños - (Nota 1) È un piatto tipico salvadoregno. Il nome deriva da un’epidemia di "colera" che si verificò tra i bambini all’uscita dalla scuola. Molte persone pensavano che la colpa fosse dei venditori di caramelle e dei "panini con la mortadella" soprannominati "pan mata niños" (pane che uccide i bambini) che provocò molte morti in quel momento. In realtà questo fu causato dalla poca igiene nella manipolazione degli alimenti con le mani sporche, nel toccare i soldi e in seguito servire i panini.

 

 

 



Y os invito a visitar el sitio web de Progetto 7Lune donde podeís encontar mucho material, tanto escrito como audio y video totalmente gratuito y disponible:


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Me llamo Sheila Pistolesi  y soy traductora profesional y profesora de Italiano; pero más que profesión, es una pasión.



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